Eterno Retorno

Thursday, March 24, 2011


Los rumores son ciertos; diabólicamente ciertos: tiene melena y rayas en todo el cuerpo y es enorme, mucho más que un león o un tigre normal. En realidad es descomunal. Creo que de ese tamaño deben haber sido los tigres dientes de sable en la prehistoria. Parece salido de un bestiario medieval, el monstruo prófugo de un tratado de zoología fantástica. Tiene la cabeza melenuda de un león macho y el cuerpo rayado de un tigre de Bengala. ¿Cómo se llamaba esa criatura? Sí, ya lo tengo: Mantícora. Así es como se llama en el bestiario y así creo que debería llamarse este animalejo. Advierto: esto ya no forma parte de lo que me han contado. Yo, Amber Aravena, lo he visto y también quisiera poder decir que lo he tocado, pero esas zarpas ya desgarraron alguna vez un ojo humano y esta misma tarde he saludado al hombre que hace algunos años conoció las uñas de la bestia, así que me conformo con ver sin mallugar desde afuera de la jaula. Sí, ya lo sé, pueden creer que estoy alucinando, que el largo viaje y las horas sin sueño han acabado de trastornarme, pero estoy segura que la bestia me miró a los ojos. Vaya, no es como esos típicos leones flojos de zoológico que yacen despatarrados mientras un enjambre de moscas les zumba en la cara. Tampoco parece como esos felinos estresados que dan vueltas compulsivas alrededor de la jaula. Nada de eso. Puedo jurar que el Mantícora me estaba observando y quería decirme algo con la mirada. El felino me miraba con una intensidad que me acabó por aterrar, como si tuviera esa capacidad de hipnosis de las serpientes para acorralar a sus presas. Me tenía embobada contemplándolo, como si en su cuerpo rayado se confirmaran todos mis temores y sospechas en torno a las leyendas que vine a descubrir hasta esta ciudad. Si el Mantícora hubiera tenido voz y me hubiera ordenado que entrara a su jaula, sin duda lo hubiera hecho y acaso me hubiera dejado devorar. De repente todo parece tan irreal, tan onírico, tan absurdo. Todo: el felino, el hipódromo, el veterinario tuerto, la cofradía de lacayos vestidos de rojo; Tijuana entera es una alucinación de duermevela.