Eterno Retorno

Tuesday, August 26, 2008

Con final feliz

La aleatoriedad puso en nuestro camino a una perrita coquer color crema. La puso en nuestro camino o más bien dicho la puso delante del carro cuando circulábamos por la Carretera Escénica exactamente en la primer salida a Rosarito. La aleatoriedad es caprichosa. La perrita estaba lista para ser atropellada, pero frené a tiempo. No hacía falta ser demasiado analítico para concluir que la pobre estaba perdida. Tenía la expresión inconfundible de quien no tiene idea de dónde carajos está ni sabe a dónde va. Deambulando, zigzagueando, cruzando las calles con la típica estupidez de un perro mimado de casa. Había que rescatarla o sería cuestión de minutos para verla convertida en tapete en la carretera. Atraparla nos costó una buena corrida. Atravesó un baldío, fue a dar hasta el Bulevar Benito Juárez que cruzó con toda la torpeza de la que fue capaz. Al final logré capturarla. La perrita traía un collar, pero carecía de nombre y dirección. Apenas podía leerse algo como Cane o Cage. Dimos por hecho que era mascota de gabachos. La llevamos a casa en medio de dudas en torno a la forma en que la voluntariosa Canica la recibiría. Una posibilidad era quedárnosla para nosotros y la otra era encontrarle un hogar (la hermana de Carolina lucía como una candidata viable). La perrita pasó la noche chillando y todos dormimos pésimamente. Al día siguiente nos disponíamos a llevarla a la veterinaria para la limpieza y la revisión de rigor antes de buscarle un hogar. Carolina tuvo entonces la buena idea de pasar antes por el granero que está a la entrada de Rosarito para ver si por casualidad la habían visto antes o tenían idea de quiénes podían ser sus dueños. Y cuál sería la gran sorpresa al ver la foto de la coquer reportada como perdida. Fue entonces cuando supimos que se llamaba Canela, de cariño Cane, y que había escapado luego de morder al médico que la revisaba. 50 dólares no presupuestados ni exigidos nos llevamos de recompensa y la tranquilidad de saber que una perrita que tenía todas las probabilidades de morir atropellada, duerme hoy con sus dueños.