Eterno Retorno

Thursday, May 13, 2004

Sobre los artistas multidisciplinarios comprometidos socialmente

El compromiso social de los artistas me genera repugnancia. De entrada porque dicho compromiso es por definición falso, pretencioso e hipócrita. ¿Qué es un artista comprometido? Un ser que transforma una causa en una baratija más para adornar su collar narcicístico. Para ser un artista comprometido, hay que actuar como Siqueiros, que se fue a la guerra civil española no a pintar murales sino a empuñar una ametralladora para acribillar fascistas. No creo que un artista fronterizo multidisciplinario y comprometido pueda hacer algo para detener el clavario de miles de migrantes, sólo por negarse a dibujar sobre la piedra artificial de un río seco. ¿Quieres comprometerte? Pues mínimo tírales unas buenas pedradas a los agentes de la Border Patrol o dona la feriecita de tus becas institucionales a los pollos que aguardan en el bordo el momento del cruce. Sin duda te lo agradecerán más que tus dibujos cancelados y tus protestas institucionales.

Me permito entonces citar al buen Fernando Pessoa:

Todo artista que da a su arte un fin extrartístico es un infame. Es además, un degenerado en el peor de los sentidos que la palabra no tiene. Es, además de esto y por esto, un antisocial. La manera de que el artista colabore útilmente en la vida de la sociedad a la que pertenece es que no colabore. Así ordenó la Naturaleza que hiciese cuando lo creó artista, y no político o comerciante.


Cambiando un poco de tema, he encontrado demasiadas respuestas en Pessoa últimamente. El poeta portugués, en su fase ensayística, aguarda en el altar de mi buró y sus palabras son la oración que antecede mi llegada a los principados de Morfeo. La lectura de Pessoa me ha hecho meditar bastante sobre los conceptos que tuve y que algunos aún tienen de la poesía. Alguna vez narré que en la adolescencia (en esa edad que uno comete tantas burradas) me dio por publicar ciertas cosas que yo llamaba poemas. Todos eran espontáneos desahogos vomitivos. Consideraba un sacrilegio el siquiera pensar en corregir uno. Bajo mi mentecato criterio, el poema tenía que reflejar la autenticidad del instante, el néctar de esa emoción única e irrepetible. Por eso dejé de escribir la pretendida poesía oscura. Sin embargo, el entorno está atiborrado de poetas iluminados que como el Váramo de Piglia, son capaces de concebir en una noche de sacra iluminación una Iliada y mil temporadas en el Infierno y solemnemente se hacen llamar poetas. Acuden estos iluminados a las presentaciones de libros de sus amigos, empapan sus gargantas con el vino más barato del supermercado que ofrecen los magros codos sus mecenas culturales y con voz perfumada, se permiten leer ante su siempre aburrida audiencia, ávida de sofisticación, malos licores y un poquito de atención. Los autoproclamados poetas, se permiten firmar cartas, manifiestos y declaraciones con su ilustre nombre al que agregan siempre su divina profesión: Poeta. Por supuesto, si hay reconocimientos estatales en su haber, no dudarán en incluirlos: Pongamos un ejemplo: Tarúpido Lameculo, poeta, premio de poesía Tandamandapio, artista conceptual y multidisciplinario de la plastilina, se pronuncia en pro de la liberación de los dos becarios culturales presos en las mazmorras de Andrés Manuel López Obrador. Ellos suponen que la sola mención de su dignísima, iluminada e inalcanzable profesión de poetas hará temblar a cualquier gobierno. Por fortuna existe mi amigo El Charquito que se toma el tiempo de leerlos y destrozarlos, estrofa por estrofa, burrada por burrada.


Y a propósito de las poéticas iluminaciones y para efectos de ponerle sabor al debate de la emoción vs técnica en la poesía, dejemos que sean los heterónimos de Pessoa quienes le agreguen calor:

Dice Fernando Pessoa que dice Ricardo Reis que dice Álvaro de Campos que la poesía es una prosa en la que el ritmo es artificial. Considera la poesía como una prosa que engloba música, de ahí el artificio. Yo, sin embargo diría más bien que la poesía es una música que se hace con ideas y por eso con palabras. Considerad que será hacer música hacer música con ideas en vez de con emociones. Con emociones haréis sólo música. Con emociones que caminan hacia ideas, que se agregan ideas para definirse, haréis canto. Con ideas sólo, contenido solamente lo que de emoción hay necesariamente en todas las ideas, haréis poesía. Y así el canto es la forma primitiva de la poesía porque es el camino hacia ella.
Cuanto más fría la poesía, más verdadera. La emoción no debe entrar en la poesía sino como elemento dispositivo del ritmo, que es la supervivencia lejana de la música en el verso. Y ese ritmo, cuando es perfecto, debe surgir antes de la idea que de la palabra. Una idea perfectamente concebida, es rítmica en si misma.

Y ya que andamos enpessoados, un par de citas contundentes:

Dividió Aristóteles la poesía en lírica, elegíaca, épica y dramática. Como en todas las clasificaciones bien pensadas, es ésta útil y clara; como todas las clasificaciones es falsa.

Un poema es la proyección de una idea en palabras a través de la emoción. La emoción no es la base de la poesía; es tan solo el medio del que la idea se sirve para reducirse a palabras. FP


Y bueno, como la gratitud antes que un deber es un privilegio, no me resta más que agradecer sinceramente al buen amigo PG Beas por el valioso préstamo de un atípico volumen de Pessoa llamado Sobre literatura y arte, en cuya lectura he estado enfrascado desde hace algunos días. Confieso que soy terriblemente quisquilloso para prestar un libro y por ello es que valoro tanto cuando alguien me presta un buen libro. Pueden estar seguros de que yo cuido un libro prestado como un hijo.