Eterno Retorno

Wednesday, May 05, 2004

Antisemitismo

A lo largo de mi vida he conocido algunos férreos antisemitas. Es más, he de confesar que en mi familia, por el lado paterno, hay algunos que harían palidecer al propio Goebbels. A diferencia de otros niños, yo crecí con la imagen de que el Holocausto, aunque fue cruel, está sobre exagerado. De una u otra forma, siempre tuve la idea de que los judíos son tipos a los que les gusta dar lástimas, ponerse como eternas víctimas y aprovecharse de esa situación para cogerse al mundo por el culo. Desde niño aprendí a desconfiar de las películas en las que el judío es el bueno, el honesto, el héroe estoico que debe sufrir discriminaciones, incomprensión y que al final sale victorioso. También me enseñaron a desconfiar del hecho de que todos los malos de las películas tienen acento alemán y se refieren a lo germano como si fuera un ente siniestro. Por supuesto, leí La farsa judía y Derrota Mundial de Salvador Borrego y en mi adolescencia le di su buena leída a Mi lucha.
Mi primer trabajo en nómina, precisamente, fue con unos judíos. Fue en una tienda de discos allá en el centro comercial Interlomas. Y sí, son unos explotadores de mierda que pagan tan poco como les sea posible (si la ley les permitiera no pagar, pues no pagarían, aunque los patrones católicos son iguales, no se preocupen) Por fortuna, en aquel entonces yo era un preparatoriano que vivía con mis padres y básicamente trabajaba por simple desmadre e independencia. Donde yo vivía en el Edo Mex, allá en la Herradura, estaba atiborrado de semitas. Ya no digamos Tecamachalco. Mentiría si dijera que tuve amigos judíos, aunque mi prepa, el Albatros, estaba llena. A mí en lo personal me gustaba mucho molestarlos y es por ello que me hice fama de antisemita. En ese entonces mi camiseta preferida era una de Slayer del tour del Reing in Blodd en la que aparecía una calavera con un casco nazi, la insignia de la SS y en letras grandes la leyenda WERMATCH. A los semitas les molestaba de sobremanera verme puesta esa camiseta. Luego en la tienda de discos ponía a todo volumen la rola de Angel of Death, que como es bien sabido es dedicada a Joseph Mengele, el médico de Auswitchz y les cantaba con una enorme sonrisa ¡Angel of Death Fly Free¡ en referencia a que Mengele, como Martin Bormann, logró escapar a Sudamérica y vivió durante años en Paraguay. A los dueños de la tienda no les caía el veinte de lo que trataba la letra de esa ruidosa canción. Pero vaya, lo hacía única y simplemente por molestar, de la misma forma que disfruto molestando a los católicos pronunciando blasfemias contra la Virgen y el Papa. La mayoría de los antisemitas que conozco son católicos radicales. Yo en cambio, pienso que toda la cultura judeocristiana está podrida. Cuando empezamos con el monoteísmo, el mundo se fue al carajo. El antisemitismo que muchas personas me adjudican es simple humor negro y deseos de ser crítico con la historia. Vaya, me gusta llevarme pesado, eso es todo.
A veces me traiciona el inconsciente y se me sale algún comentario o chiste de hebreos, olvidando que en este mundo uno debe ser políticamente correcto. Pero la realidad es que no soy un antisemita ni tengo nada en contra de una raza o pueblo. Simplemente mantengo una posición imparcial en torno a los grandes conflictos que los involucran. No justifico el Holocausto de ninguna manera, pero al respecto mantengo una posición revisionista e imparcial. Lo mismo que hizo Hitler en Polonia está haciendo Ariel Sharon en Palestina con la bendición de Bush y las buenas conciencias. He conocido mucha gente que en verdad odia a los judíos. Yo no me cuento entre ellos. Simplemente me gusta estudiar la historia y no creerme todo lo que me dicen. Además, se me hace una aberración asquerosa el que en algunos países del Centro de Europa, sea un delito manifestar imparcialidad u objetividad respecto al nazismo. Vaya, en algunos países es delito no sostener y señalar que el Holocausto fue la peor crueldad de la humanidad y si dudas de ello te arriesgas a ser condenado. Es decir, te imponen un dogma, su dogma. Estás obligado a pensar de una forma y te está vedada la posibilidad de cuestionar, siendo que todo hecho o personaje es cuestionable. Y ojo, pues cuando tu capacidad de cuestionamiento es limitada, entonces sí has valido madre.