Eterno Retorno

Thursday, August 21, 2003

No tengo duda: Ayer presencié el atardecer más bello de este verano (que se ha caracterizado precisamente por sus atardeceres bellos) El color del cielo era de un rosa o melón nítido, alucinantemente definido y parecía por momentos desparramarse sobre el mar. Parado frente al Pacífico a la entrada de Hacienda del Mar observe como el Astro Rey, vestido con su traje de carnaval se sumergía lentamente en el Pacífico dejándonos por herencia una estela de colores flotando sobre las olas. Y claro, pensé en mil cosas, el Eterno Retorno, el vaivén de los ciclos y los misteriosos duendes propios de todo crepúscu-lo danzando en el horizonte. También pensé que la vida merece la pena ser vivida solo por el privilegio de contemplar esos atardeceres.






La biografía de un cadáver

Por Daniel Salinas Basave
Santa Evita
Tomás Eloy Martínez
Joaquín Mortiz

No es tarea fácil apostar a escribir con alguna dosis de originalidad una novela sobre un personaje como Eva Duarte de Perón, que desde hace medio siglo ha inspirado cualquier cantidad de biografías, cuentos, mitos, leyendas y argumentos cinematográficos de la más diversa especie y categoría.
A Evita Perón simplemente no se le deja descansar en paz. Su manoseada figura sigue siendo fruto de inspiración de toda clase de relatos e invenciones. Por ello, al ver en los estantes de las librerías el Santa Evita del tucumano Tomás Eloy Martínez, uno con justa razón se preguntaría: ¿Porque voy a leer otra novela más sobre la diosa contemporánea de los argentinos? ¿Qué puede ofrecerme que no me hayan ofrecido otros tantos productos?
Confieso que de entrada el libro no me llamó la atención. ¿Qué me contará el de Tucumán? ¿Una lucrativa verdad absoluta nunca revelada? ¿Una morbosa biografía no autorizada? ¿Un refrito más? Ni siquiera la vendedora frase de su amigo Gabriel García Márquez, - “Aquí está por fin la novela que yo quería leer”- publicada en el centro de la portada fue capaz de seducirme e incluso me hizo albergar más dudas en torno a la obra de Tomás Eloy.
Pero al final sucumbo y acabo leyendo incluso aquellos libros que en un principio me generaban un nulo antojo y en el caso de Santa Evita debo confesar que no me arrepentí. Al menos Tomás Eloy Martínez salvó el enorme escollo de la falta de originalidad que amenaza a todo aquel que pretenda escribir sobre un icono de la cultura popular.
El personaje principal de Tomás Eloy Martínez no es la santa redentora de los descamisados ni la pérfida arribista madre de las pesadillas del antiperonismo. Por fortuna no cae tampoco en la tentación de empaquetarnos otra Madonna chatarra. Nada de eso. El personaje principal de Santa Evita es un cadáver, un objeto inanimado condenado a no descansar nunca y que es capaz de despertar las más oscuras conspiraciones y descabellados actos.
Vaya, dicho en otras palabras, ésta es la primera vez que leo la biografía de un cadáver. La historia no comienza con la joven Evita Duarte llegando atiborrada de ilusiones y sin un peso a triunfar en los teatros de Buenos Aires en 1935, sino con la venerada Eva Perón agonizando una mañana de 1951, infestada por el cáncer. Después de todo, mucha razón tiene el embalsamador Ara cuando señala: - El arte del embalsamador se parece al del biógrafo, pues los dos tratan de inmovilizar una vida o un cuerpo en la pose con que debe recordarlos la eternidad. El biógrafo es a la vez embalsamador y la biografía es también una autobiografía de su arte funerario-.
Y es que es a partir del momento en que llega la muerte a Evita cuando comienza la alucinante historia de su peregrino cadáver que dos veces cruzó el océano y que fue capaz de desatar fascinaciones, odios y conspiraciones políticas. La “vida” del cadáver de Evita fue aún más larga que la de Evita viva. En ese sentido, el gran aporte del periodista de Tucumán es su capacidad para reflejar el obsesivo comportamiento ante aquellas figuras que se transforman en mito o el recurrente y humano vicio de mitificar, un vicio que en mayor o menor medida hemos sabido cultivar en todo América con ciertas figuras.
El propio autor lo señala en boca de uno de sus personajes: - Para mucha gente, tocar a Evita era tocar el cielo. El fetichismo. Ah sí; eso ha tenido una enorme importancia en el mito-.
Por otra parte, la definición de biografía de un cadáver no se debe tomar en forma literal, pues el libro de Tomás Eloy es ante todo una novela de ficción y como tal debe ser leída, aunque, reportero al fin, siempre sabe generar en el lector la impresión de estarnos entregando un insólito reportaje sobre las andanzas de un cuerpo muerto. Simple materia fría, rígida, disecada, capaz de engendrar odios y devociones, aún cuando su alma hubiera huido lejos desde mucho tiempo atrás.