Eterno Retorno

Wednesday, July 19, 2017

Las escenas más simples de tu vida, sobre todo aquellas que derrochan ternura en medio de una amorosa modorra cotidiana, enseñan en algún pliego el imperceptible hilo negro de la sombra que les acecha. Mi mente pinta inocentes antesalas de hecatombes. Cada cuadro de cotidianidad es una danza macabra. En día más luminoso se insinúa siempre la proximidad de una sombra. La risa desbordada y el goce inconsciente navegan lentos hacia su abismo. La parca yace al acecho en algún rincón del lienzo. Un pedazo de piedra sobre La Danza de la Muerte de Hans Holbein (El joven) pretende recordarme que alguna vez creí caminar por el mismísimo centro neurálgico de la Historia, el sitio donde el planeta entero volcó sus emociones y su pánico, nuestro altar y nuestro espejo, las humeantes ruinas del futuro. Cuadros medievales de niños danzando entre flores primaverales, días luminosos, un verano aferrado a insinuarse pleno, un desnudo azul sin nubes invasoras, y la Muerte, siempre la Muerte, tan modesta y tan de bajo perfil, inventándose una sombra a tu izquierda. La respiración de la Muerte en la nuca inspiró los cuentos del Decamerón y los de las Mil y una noches. Cuando la vida revela su fragilidad y la arena del reloj se va consumiendo, la última astilla para conjurar un naufragio es narrar y transformar en palabra tu último aliento. Los mil cuentos posibles yacen ahí, en la piedra bronca donde duermen las esculturas, en el flácido territorio límbico que aguarda su postergada revolución. Palabras vegetantes, palabras en estado de coma, palabras destinadas a la nada del neonato.

Sunday, July 16, 2017

5- La eternidad del altar sacrificial - Aún en la época más maquinal y utilitaria donde todo parece supeditado a los designios del mercado y la tecnología, pervive un primitivo y oscuro impulso ceremonial. Sergio González Rodríguez dimensionó como nadie el sentido ritual de no pocos crímenes. El segar una vida no es solamente un acto con fines prácticos, sino un ritual de sacrificio, un símbolo, una liturgia de sangre. 6- El criminal que vive en nosotros. No existe vacuna o conjuro que nos inmunice contra nuestros demonios interiores. Ante determinada alineación de quiebres, derrumbes y circunstancias tú mismo puedas ser el abominable criminal a quien tanto temes. Hay miles de potenciales monstruos que no tuvieron un escenario propicio para brotar. Otros se quedaron en el daño que pudieron causar con una navaja porque nadie puso en sus manos un AK-47. En cualquier caso esas bestias yacen en todas partes. Tú o yo podemos perfectamente ser una de ellas

Saturday, July 15, 2017

3- La intuición de infiernos individuales a través de las miradas. Dedica un par de segundos a leer la mirada de un extraño en un lugar público. Demasiados ojos son ventanas donde asoman avernos interiores. Los seres en apariencia más ordinarios e insulsos ocultan espeluznantes historias. A veces me basta la expresión de un rostro en la fila de un supermercado para dimensionar el horror en estado puro. 4- El fluir de ríos subterráneos. El crimen siempre está ahí, a la vuelta de la esquina. Algunas veces se manifiesta con desparpajo, pero lo común es que fluya como un río subterráneo, un abismal hoyo negro yaciente bajo una delgadísima capa de hielo siempre a punto de romperse. Muchas veces en tu vida has pasado afuera de una casa de seguridad donde un secuestrado aguarda la mutilación o la muerte o te cruzas en la calle con el hombre que será ejecutado esta noche o acaso con su ejecutor.

Tuesday, July 11, 2017

Ser lector en México era un desafío. Ahora es una extravagancia. Durante los tres siglos del virreinato la posibilidad de encontrar un lector era una verdadera rareza. Quien leía se arriesgaba pues la lectura estaba sometida a un férreo control por parte de la iglesia. Los libros que valían la pena ser leídos estaban prohibidos. Hace apenas cien años el analfabetismo en México aún superaba el 80% y los lectores representaban una identificable y pequeña cofradía. Hoy el analfabetismo ha sido (en teoría) casi superado, pero los lectores seguimos siendo una minoría apenas significante, una estirpe de excéntricos. Antes los lectores desafiaban a la Inquisición. Hoy desafiamos al espíritu de la época.

Tuesday, July 04, 2017

Era el gringo aquel que embobó a Mara (Jim, Jack, whatever) de quien se decía daba respiración artificial a moribundas compañías alrededor del mundo. Canoso, maduro (algún puetilla de guitarra le hizo una canción donde alababa su don de mando) que de Estambul aterrizó en las galletas regias y se coló con su nombre a las mil y un gratitudes del eclipse después. Alguna noche de avances y retrocesos quiso enviar a Mara en taxi a su casa y ella le dijo que en taxi sólo se enviaba a las putas y al final nada supe de cómo acabó el entrevero. Demasiado tiempo aire en duermevela. Lo demás fue algún conjuro matutino y las acostumbradas citas en aeropuertos, un vuelo que despega a las 8:00 de la mañana y un calafiero decidido a llevarnos sin escalas al infierno. Una desolada escuela de amplios pasillos por donde irrumpe en frenética bajada mi camioncito Tonka y algún profesorsucho con barba de Lincoln. Hace algunos amaneceres hubo escaleras eléctricas y una semanita sabrosa tenochtitlanera. La diosa maya del viaducto reina en su Infonavit, la lejana plaza en el oriente de la ciudad, un lento camión que no llega nunca, la sensación de yacer en irremediable forastería en un oasis de mal concreto en el extrarradio, - camión o metro da lo mismo- el cielo del Altiplano y los corredores que bajan la cabeza en el asiento trasero del carro, la liberadora catarsis de un moshpit sin intenciones asesinas…continuamos. Goles de un arrabalero Gignac en una leprosa canchita de la Zona Este. Un balón descocido golpeado con la fuerza de una patada mulera picaba despiadado y de campanita en beso banqueteado entre el travesaño y la rota red del techo. No recuerdo esa clase de riflazos en las cascaritas de mis duermevelas. La bitácora de Morfeo United registra goles embarrados de mayonesa sobre alfombras regadas de obstáculos y tiradero, piernas de plomo y tiros chorreadísimos, pero lo de antenoche fue artillería arcabucera. Dos goles cayeron así, con rencor y afán de tumbaburros. Un gol onírico es el mejor remedio contra la migraña de una cervecera resaca anticipada.

Sunday, June 18, 2017

1- La omnipresencia de la muerte. La muerte siempre ha estado ahí, blanca, en la silla, con su rostro. La puedes ubicar en la primera página de El luto humano de Pepe Revueltas o en el más alegre y ñoño de tus días y la única certidumbre es que la parca estará ahí, caminando a tu lado muy cerquita, siempre a punto de tocarte el hombro. En mi caso, la omnipresencia de la muerte como única compañera es el disparador no solamente de las historias negras, sino de cualquier forma de creación literaria. 3- La intuición de infiernos individuales a través de las miradas. Dedica un par de segundos a leer la mirada de un extraño en un lugar público. Demasiados ojos son ventanas donde asoman avernos interiores. Los seres en apariencia más ordinarios e insulsos ocultan espeluznantes historias. A veces me basta la expresión de un rostro en la fila de un supermercado para dimensionar el horror en estado puro.

Tuesday, June 13, 2017

Si algo hemos de festejar este día festejemos el cumpleaños de Fernando Pessoa. Su Libro del desasosiego funge en mis amaneceres como una suerte horóscopo o I Ching. Con la primera luz y el primer café suelo leer siempre un párrafo al azar. “He construido, mientras me paseaba, frases perfectas de las que después no me acuerdo en casa. La poesía inefable de esas frases no sé si será parte de lo que fueron, si parte de no haber sido nunca”. De lo del día del escritor apenas me acabo de enterar hoy (y obvia decir que Pessoa me puede infinitamente más que Lugones). No creo ni celebro nunca el día de nada y en todo caso me correspondería festejar el día del lector, porque eso sí que soy sin duda alguna. Escribir es algo que he hecho a veces con algo de fortuna y astros alienados, pero leer es algo que hago siempre, todos los días de mi canija vida. Si a mí me preguntan a qué me dedico yo les digo que soy un lector que se ha ganado la vida como reportero. Todo lo demás, cualquier otra cosa, ha sido una lógica e inevitable consecuencia de lo anterior. He leído cien veces más de lo que he escrito y aún de esa furtiva escritura que yace en mil y un cuadernos he publicado menos de la décima parte. Alguien me ha preguntado qué pienso de que haya tantísimos escritores saliendo debajo de las piedras. Lo único que puedo decirles es que me parece fascinante que en estos tiempos híper digitales haya aún miles de personas que optan por la palabra escrita como medio de expresión. Si quieren escribir, escriban. Parece que hay a quienes les obsesiona poder determinar quién sí es escritor y quién no. Vaya pregunta estéril. Es algo que me tiene sin cuidado. De verdad ¿a quién carajos le importa? Por ejemplo, a mí me encanta tomar fotos (y de hecho he publicado fotos) y eso, por supuesto, no me convierte en fotógrafo. Al final de cuentas, en la escritura lo que vale es la carrera de resistencia.