Eterno Retorno

Monday, August 22, 2016

La noche del sábado, mientras presentábamos Dispárenme como a Blancornelas en el Franz Praga, se mató Ignacio Padilla. Aunque jamás olvido que la Muerte camina siempre nuestro lado, la repentina partida de un escritor que estaba en plenitud creativa no deja de impresionarme. Gran cuentista, pero sobre todo un ensayista fuera de serie. Grande Nacho. Tiempo de navegar a la Isla de las tribus perdidas e invocar la llama del encendedor a la media noche.

Tengo algún kilometraje recorrido en la libresca vagancia, pero lo de la noche del sábado colegas míos, fue punto y aparte. Acaso fue el shakespereano sueño de la noche de verano, la atmósfera del Franz Praga, el buen vinito, pero yo sospecho que lo más chingón de todo fue poder ver y charlar con personas a las que en verdad aprecio y con las que me unen tantas filias. No lo sé mis amigos, pero anoche simplemente me prendí y me emocioné y les juro que hacía un buen rato que no me sentía así. Gracias a Samantha por idear y organizar este aquelarre literario y a Jaime, Laura e Hilario por acompañarme en la mesa y también a Jorge Ruiz Dueñas cuya voz irrumpió en la noche tijuanense aunque se encuentre a 3 mil kilómetros de distancia. Jaime suele sacarme inesperados ases bajo la manga, pero anoche se voló la barda con esta grata sorpresa. Colegas: hay tardes en que pienso que el desparramadero de palabras es un ejercicio de arado en el mar, un arrojar botellas condenadas al naufragio, pero después de una velada como la de anoche te das cuenta que aún en las tormentas los barcos de papel llegan buen puerto. Gracias a todos por estar y gracias por leer. Al final, la herencia que me ha dejado tanto libro es un arsenal de gratitud.

Monday, August 15, 2016

Henestrosa. Ese es el seudónimo y el hipster alcalde juez, capaz de trabajar hasta las dos de la mañana, lo llevaba bajo el brazo como presunto favorito, aunque acaso no sea una buena noticia ser gallo de mandatario alguno hoy en día. Por herencia nos quedaba una sala de cristales y cafecitos modernos en donde el munícipe se juraba dispuesto a trabajar sin descanso hasta la madrugada, por aquello del tendencioso tinterillo que en pleno ascenso por las escaleras eléctricas lo acusó de frívolo y desobligado, todo por el gorrito de leñador, comprado sin duda a precio de oro en alguna tienda de moda. Ese es tu padrino y acaso Henestrosa (y no Galaor Roa) sea tu pasaporte hacia la victoria. Hubo un cimiento y no pocos andamios. Hubo varilla, ladrillo y la promesa de alcanzar babélicas nubes y proyectar su vertical sombra por todo Valle Oriente. Acaso hubo foso, puente levadizo y malencarados centinelas, pero nada de eso inhibió a las famélicas hordas, decididas a acampar y construir algo parecido a una vida bajo la sombra de la torre. La universalidad del sintecho, la multiplicación del sin vela en el entierro. La vida, la perrísima y circular vida.

Wednesday, August 10, 2016

Antes de salir a la terraza Sergio se ha servido un nuevo vaso de Buchanas para tragarse el Rivotril y medio con el que intentará exorcizar a los demonios del insomnio matutino. No más cáspita del diablo por ahora, piensa mientras invoca el milagro de poder dormir la mañana completa y estar fresquecito al momento de la encerrona de la tarde. Entre el dictado de su biografía autorizada, la revisión del último par de spots y el compulsivo envío de WhatsApp al equipo de producción, la madrugada se le ha ido en blanca hiperactividad. Un par de rayas y ocho vasos de whisky en las rocas deberán ser conjuradas por la pastillita y media que baja por su esófago pero no alcanzará a diluirse en su organismo pues al momento de ingerirla le restan a Sergio menos de cuatro minutos de vida.

Monday, August 08, 2016

Tras merma y desparrame de mil y un entreveros de duermevela diluidos en las cañerías de la desmemoria, rescato hoy la magra isla en medio de un lago de agua salada en tierra firme. Una isla pobretona y austera elegida por mí como sede del autoexilio. Mucho más no queda. De arena pura ha de haber sido esa isla diluida entre mis agrietados dedos. De arena de insomnio conjurado, de arena de un Morfeo devaluado a quien a gritos pido me dicte una nueva historia. Irrumpió el Pacífico, abrazo voraz en los tentáculos de su resaca, revolcadero verdugo, olas oaxaqueñas reventando en la blancura del sillón. Furiosos océanos de duermevela, capaces de hacerte despertar con los labios cubiertos de agua salada.

Friday, August 05, 2016

Puedo echarle la culpa a mis confesas filias con el Death Metal sueco y el Black Metal noruego, pero el caso es que desde mi descubrimiento de Henning Mankell allá por el 2002 he leído muchísima novela negra escandinava. En mi recorrido he topado con algunos libros memorables y no pocos productos prescindibles. A raíz del fenómeno Stieg Larsson en 2009 brotaron de la nieve mil y un novelistas nórdicos, destacando particularmente las escritoras que sustituyeron la figura del taciturno detective otoñal estilo Kurt Wallander por circunstanciales e improvisadas investigadoras, como la Erica Falck de Camilla Läckberg, madre de familia y escritora, innegable alter ego de su creadora, o la abogada Rebecka Martinsson, detective estrella de Asa Larsson. La Reina de los Hielos en Maclovio Herrera, segundo cuento del libro Dispárenme como a Blancornelas, rinde una suerte de satírico homenaje a las buscadoras de sangre en la nieve. En este cuento, la máxima estrella la novela negra sueca visita la frontera chihuahuense guiada por un reportero de pasquín policiaco, autoproclamado creador, padrino y único lector del género “narco-zombi-gótico-fronterizo”. En las novelas nórdicas suele haber uno o dos muertos por cada 400 páginas y basta un solo crimen para poner de cabeza a todo Suecia. En Juárez una jornada con diez muertos puede ser considerada normal. ¿Qué harían Erica o Rebecka hurgando entre los decapitados, colgados y encobijados que deja por herencia la narco-guerra? ¿Podrían escribir una novela donde no haya página sin muerto ni párrafo sin sangre? PD- ¿Cuántas novelas policíacas arrancan con el hallazgo del cadáver de una bellísima chica? ¿No te parece el colmo del estereotipo que la víctima sea una modelo colombiana y además aparezca desnuda en una zona hipster de la capital? ¿Acaso no raya en el cliché la aparición de funcionarios empeñados en cerrar cuanto antes el caso alegando que se trata de un suicidio? Si se lo trato de vender a una editorial me lo rechazan por ser burdamente estereotípico. Vaya, es como “el suicidio” del fiscal argentino Alberto Nisman, el guión del thriller político dictado párrafo a párrafo por esa realidad tan adicta al noir.

Tuesday, August 02, 2016

Larvas ennegrecidas de tinta, ratones con el vientre hinchado de papel, tropas de polillas capaces de confundirse con las letras, pececillos de plata con largas antenas creando surcos entre los párrafos, verdes erupciones entre un amasijo de humedad. El festín de los bibliófagos es eterno. Nuestro objeto de adoración y deseo es también comida para miles, materia dispuesta como hogar para microorganismos. Un ecosistema entero yaciente entre papeles monserga infestados por el hongo y la humedad. Los devoradores de libros consumen nuestras bibliotecas e inspiran a nuestros detractores. Cuando de caricaturizar al lector se trata ahí está siempre el bibliófago listo para servir de modelo. Quizá la imagen que mejor ilustra el concepto sea la caricatura Una larva de los libros del francés J.J. Grandville. Un descomunal gusano formado por papeles impresos de donde emerge una cabeza humana con una caótica y rala cabellera, una gran nariz y los infaltables anteojos, símbolo de la estirpe bibliófila. La cabeza de la larva yace posada sobre un libro abierto. Su único destino posible e irrenunciable es leer. La caricatura de Granville que ilustra la portada del ensayo El viajero, la torre y la larva. El lector como metáfora de Alberto Manguel es quizá una de las más grotescas representaciones del lector enfermo, pero no es la única. De hecho, al adentrarme en la obra de Manguel reparo en cuántos caricaturistas han sido inspirados por los lectores adictos. Los necios de los libros parecen ser un subgénero de dibujo satírico, pues los hay por decenas. El concepto que hermana a estas caricaturas, es el de seres que pese a estar aferrados a los libros, no sacan ningún provecho de ellos. Son representados como carroñeros adictos a tragar papel a quienes las letras no hacen más inteligentes sino más tontos y pretenciosos. El concepto y la burla, por lo que se puede ver, son antiquísimos. De acuerdo con Manguel, ya en el Siglo VI Boecio incluyó al necio de los libros en sus Consolaciones de la filosofía. No puedo negar la cruz de mi parroquia: pertenezco a la estirpe de los lectores de papeles apolillados, estorbosos, consumidos por el hongo y la humedad. Sectarios pestilentes somos, caducos animales en extinción aturdidos por el canto de la modernidad Mis pesados y estorbosos libros de papel ¿Cuánto he invertido en ellos? ¿A dónde irán cuando yo haya muerto? En el paraíso de los e books, una biblioteca como la mía será tan solo un montón de escombros. ¿Donarla? Prenderle fuego es la alternativa. Arden los libros de caballería que llevaron a la perdición a Don Alonso Quijano. Mi biblioteca-vicio, biblioteca-lastre, ardiendo en una pira cuando yo esté muerto. No, aún no escribo mi testamento para decir a quién heredaré mi biblioteca. ¿Habrá alguien que la quiera? Hoy el Aleph y la Biblioteca de Alejandría caben en un iPad. ¿Quién querrá estos abruptos bosques de papeles tatuados de nostalgia e inutilidad?

Monday, August 01, 2016

Las posibles variantes de nuestra vida dentro de un entorno realista son infinitas como los movimientos de ajedrez. La galería de nuestros posibles pasados es eterna. Hay quien se aferra a la predestinación, a imaginar un camino de tragedia griega en donde no hay voluntad ni rebelión apóstata capaz de mover una hoja del árbol si ello contradice la voluntad divina. La deidad titiritera que maneja los hilos de la predestinación es terca, caprichosa e inflexible y no admite otro destino para sus personajes. Deicida como soy, deposito mi fe en los siempre absurdos designios de la aleatoriedad. El dios azar ni siquiera es solemne o grandilocuente como el de la predestinación, aunque es igualmente caprichoso y no suele estar peleado con el ridículo y el humor negro. Sus tramas las va construyendo con movimientos a menudo imperceptibles solo para hacernos ver que no hay decisiones insignificantes y que el más mínimo movimiento decide el desenlace. "No creo –es decir no quiero creer- en la muerte definitiva e irrevocable de ninguno de nuestros yos posibles", afirma Unamuno. Al acecho yacen los futuros que seremos o los ex futuros que día a día dejamos abandonados. No cabe duda: escribir es ser otro. Hay una suerte de esquizofrenia en el vicio escritural.