Eterno Retorno

Sunday, August 06, 2017

Cuando el amanecer es de manto oscuro, cuando la luz duerme bajo cobijas empapadas, cuando el cielo es más negro que la oscuridad, pero la lluvia sólo pude regalarte un tamborileo disarmónico. Cuando el sinsentido corre y corroe por tus venas. ¿Existe el dios del domingo en la mañana? ¿Se ofenderán los fundamentalistas si lo transformo en caricatura? ¿Es la deidad de esta liturgia quien me roba los granos del café? ¿Será verdad que cada grano es una profecía? ¿Que cada grano es un pincel? Las mañanas caen y el tiempo corre, como humilde peregrino a su (¿?) marchitar. Las mañanas deshojadas, arrojadas al vacío como pétalos marchitos; las mañanas son la cera (¡mega warning ortográfico!) derretida de una vela que se extingue, las desparramadas migajas que han de indicarme la ruta hacia cierto corral límbico con cara de cadalso. Las mañanas…

Si alguien le hubiera hablado de abrir las puertas de la percepción escuchando de repente un Ave María en medio del desierto, Balbina lo habría imaginado como una sublime experiencia mística, pero aquello no suena como un coro angélico retumbando en el firmamento, sino como una vieja radio distorsionada. “Son las 12:00 del mediodía. Es la hora del Ángelus…” La sensación tiene la consistencia de un deja vú o una alucinación de fiebre. Aunque bajito y distorsionado, el Ave María se escucha claro y además ha sido puntual, pues si de algo no tiene dudas Balbina, es que el sol castigador yace en la parte más alta de ese desnudo cielo norteño. De cualquier manera, aún la existencia de esa sintonía radial carece de explicación alguna en aquella desolación.

Monday, July 31, 2017

9. La omnipresencia de los fantasmas En una ciudad como la mía, donde el crimen ha sembrado de anécdotas cada punto de la cartografía urbana, todos los días cruzas el puente peatonal del que hace un año colgaba un hombre o giras en la esquina donde hace poco ejecutaron a alguien e identificas en el pavimento la tonalidad de los manchones de sangre. Nuestras calles son museos del horror pobladas por fantasmas, surcadas por ríos de aguas negras donde flotan cadáveres, periféricos baldíos donde se pudren osamentas. Alguna vez dormiste en la habitación de hotel de un suicida y posaste tus suelas sobre una fosa clandestina. Los fantasmas están en todas partes y a veces les da por hablarte al oído. 10. El abismal vacío del hoyo negro. En la mente humana, como en el Universo, hay agujeros negros cuya existencia es inexplicable y cuya profundidad no alcanzamos a dimensionar. Aunque un psiquiatra pueda decir lo contrario, la mente no obedece a designios de ciencia exacta y a veces atraviesa una suerte Triángulo de las Bermudas en donde naufraga y se pierde para siempre. Me seduce la idea del quiebre repentino, del apagón inesperado, del desdoblar sin advertencia de nuestros demonios; tan tercos y omnipresentes, tan fieles compañeros.

Sunday, July 30, 2017

El viernes por la mañana, después de un par de negrísimos cafés, salí de casa y a la vuelta de la esquina topé con un muerto. Un cuerpo desnudo y degollado en la carretera Escénica, justo en la curva del centro de convenciones. Lo tristemente común es ver perros despedazados pero hoy cada vez son más frecuentes los humanos. El crimen siempre está ahí, a la vuelta de la esquina. Algunas veces se manifiesta con desparpajo, pero lo común es que fluya como un río subterráneo, un abismal hoyo negro yaciente bajo una delgadísima capa de hielo siempre a punto de romperse. Muchas veces en tu vida has pasado afuera de una casa de seguridad donde un secuestrado aguarda la mutilación o la muerte o te cruzas en la calle con el hombre que será ejecutado esta noche o acaso con su ejecutor. Si la ciudad ha sido por definición mi territorio narrativo, tengo sólidas razones para poner en duda si por ventura sería posible utilizar a la Tijuana actual como escenario de una narración y no pintarse de negro. No es fácil eludirlo cuando el Noir es nuestro costumbrismo. La novela negra en la Tijuana actual se emparentaría con las postales de lo cotidiano, un ritual de happening puro.

Sunday, July 23, 2017

Tras merma y desparrame de mil y un entreveros de duermevela diluidos en las cañerías de la desmemoria, rescato hoy la magra isla en medio de un lago de agua salada en tierra firme. Una isla pobretona y austera elegida por mí como sede del autoexilio. Mucho más no queda. De arena pura ha de haber sido esa isla diluida entre mis agrietados dedos. De arena de insomnio conjurado, de arena de un Morfeo devaluado a quien a gritos pido me dicte una nueva historia. Debería descifrar el sexto relato o a la mujer que lo habita. La nonata secuela de la nabokoviana, apostando por hacer de todo cuento número seis una suerte de tributo a improbables dulcineas. ¿De qué trataba? La arena de la duermevela no tributa siquiera vestigios. Que claro, en cambio, el accidente en los primeros metros del imperio, la mujer arrollada en esa rampa de freeway en salida a Palomar, las dudas en torno a la cobertura del seguro, la búsqueda del retorno vial y la chapuza en bicicleta para en sentido contrario ir en busca de esa otroladería siempre esquiva a donde suelo fugarme por las noches.

Wednesday, July 19, 2017

Las escenas más simples de tu vida, sobre todo aquellas que derrochan ternura en medio de una amorosa modorra cotidiana, enseñan en algún pliego el imperceptible hilo negro de la sombra que les acecha. Mi mente pinta inocentes antesalas de hecatombes. Cada cuadro de cotidianidad es una danza macabra. En día más luminoso se insinúa siempre la proximidad de una sombra. La risa desbordada y el goce inconsciente navegan lentos hacia su abismo. La parca yace al acecho en algún rincón del lienzo. Un pedazo de piedra sobre La Danza de la Muerte de Hans Holbein (El joven) pretende recordarme que alguna vez creí caminar por el mismísimo centro neurálgico de la Historia, el sitio donde el planeta entero volcó sus emociones y su pánico, nuestro altar y nuestro espejo, las humeantes ruinas del futuro. Cuadros medievales de niños danzando entre flores primaverales, días luminosos, un verano aferrado a insinuarse pleno, un desnudo azul sin nubes invasoras, y la Muerte, siempre la Muerte, tan modesta y tan de bajo perfil, inventándose una sombra a tu izquierda. La respiración de la Muerte en la nuca inspiró los cuentos del Decamerón y los de las Mil y una noches. Cuando la vida revela su fragilidad y la arena del reloj se va consumiendo, la última astilla para conjurar un naufragio es narrar y transformar en palabra tu último aliento. Los mil cuentos posibles yacen ahí, en la piedra bronca donde duermen las esculturas, en el flácido territorio límbico que aguarda su postergada revolución. Palabras vegetantes, palabras en estado de coma, palabras destinadas a la nada del neonato.

Sunday, July 16, 2017

5- La eternidad del altar sacrificial - Aún en la época más maquinal y utilitaria donde todo parece supeditado a los designios del mercado y la tecnología, pervive un primitivo y oscuro impulso ceremonial. Sergio González Rodríguez dimensionó como nadie el sentido ritual de no pocos crímenes. El segar una vida no es solamente un acto con fines prácticos, sino un ritual de sacrificio, un símbolo, una liturgia de sangre. 6- El criminal que vive en nosotros. No existe vacuna o conjuro que nos inmunice contra nuestros demonios interiores. Ante determinada alineación de quiebres, derrumbes y circunstancias tú mismo puedas ser el abominable criminal a quien tanto temes. Hay miles de potenciales monstruos que no tuvieron un escenario propicio para brotar. Otros se quedaron en el daño que pudieron causar con una navaja porque nadie puso en sus manos un AK-47. En cualquier caso esas bestias yacen en todas partes. Tú o yo podemos perfectamente ser una de ellas

Saturday, July 15, 2017

3- La intuición de infiernos individuales a través de las miradas. Dedica un par de segundos a leer la mirada de un extraño en un lugar público. Demasiados ojos son ventanas donde asoman avernos interiores. Los seres en apariencia más ordinarios e insulsos ocultan espeluznantes historias. A veces me basta la expresión de un rostro en la fila de un supermercado para dimensionar el horror en estado puro. 4- El fluir de ríos subterráneos. El crimen siempre está ahí, a la vuelta de la esquina. Algunas veces se manifiesta con desparpajo, pero lo común es que fluya como un río subterráneo, un abismal hoyo negro yaciente bajo una delgadísima capa de hielo siempre a punto de romperse. Muchas veces en tu vida has pasado afuera de una casa de seguridad donde un secuestrado aguarda la mutilación o la muerte o te cruzas en la calle con el hombre que será ejecutado esta noche o acaso con su ejecutor.